Baldemar Romo's Blog

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Mi experiencia con Dios

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Hace un par de meses decidí tomar un curso en mi iglesia llamado “Mi experiencia con Dios”. Pensé que ya que yo estaba “empezando” en esto de seguir a Cristo, estas sesiones me ayudarían a entender el cómo tener una experiencia con Dios de manera más eficaz a corto plazo. Casi al finalizar el curso, las cosas se empezaron a acomodar, de pronto tuve un momento de revelación y me di cuenta que la experiencia ya la había tenido desde antes de siquiera iniciar el curso, sólo que no la había relacionado porque no sabía cómo era el tenerla realmente. He aquí mi testimonio que comparto con gusto para ti.


1. Dios está obrando a tu alrededor.

 

Mi familia (los Romo) ha sido seguidora de Cristo desde hace ya una década en la ciudad de Monclova, Coahuila. Durante varios años estuve viendo como el poder de Dios se manifestaba cada vez más en mi familia. Mis hermanos enderezaron sus caminos de jóvenes y mis padres empezaron a llevar una vida mucho más recta, más digna de admiración de mi parte y de muchos más, libre de muchas cosas que a mi no me gustaban de ellos cuando era joven y vivíamos todos juntos. Poco a poco fui viendo cómo Él hacía su obra a través de ellos gracias a sus testimonios que ellos mismos me compartían y siempre me daba gusto el saber que habían encontrado su centro, alguien por quien vivir y en quién basar toda su existencia.

Cuando los visitaba en su iglesia (a la cuál sólo asistía en eventos especiales), lloraba de alegría al verlos tan bendecidos, llenos de gozo y felicidad. Me llenaba de alegría al ver como avanzaban cada uno de ellos en sus ministerios y viendo como a mis padres los hacían pastores, como se casaban mis hermanos, como formaban su grupo de alabanza, como sacaban su primer disco de música cristiana y como posteriormente los hacían pastores y líderes a ellos también.

Fue una época de mucha felicidad para mí al ver lo que en ellos estaban pasando. Mientras tanto yo seguía viviendo mi vida en Monterrey, casándome con la mujer de mis sueños, formando una familia, teniendo hijos, luchando cada día por los objetivos que me fijé en mi vida desde joven. Al verlos a ellos no puedo negar que en mi siempre hubo esa necesidad de hacer las cosas correctas, de ser honesto, de luchar siempre por lo que quería, de tratar bien a mis semejantes, de alejarme de los vicios y las malas compañías, mas sin embargo yo no me sentía con el derecho de ser merecedor de Dios.

 

2. Dios desea tener contigo una continua relación de amor real y personal.

 

Un día, no sé cómo, volví a saber de un amigo que hacía una década que no lo veía. Mi amigo y yo trabajábamos juntos en los 90’s y usualmente cenábamos y salíamos con otros conocidos y teníamos fiestas y parrandas con otros amigos, siempre nos llevamos muy bien. Fue un gusto volver a saber de él, que estaba bien, que seguía trabajando en el medio donde lo había conocido y que su vida marchaba bien después de distanciarnos.

Pero poco después de volver a conversar nuevamente con él me di cuenta que las cosas no eran iguales en él, ya no era el mismo, su vida había cambiado completamente, hablaba de forma distinta, se comportaba de forma distinta, ¡era otra persona!, aunque seguía manteniendo su misma esencia que siempre lo caracterizó y siempre aprecié de él. Pero mi verdadera sorpresa vino cuando supe que él había decidido desde hace varios años ser Seguidor de Cristo.

Su testimonio a través de sus devocionales, redes sociales, etc. me impactó y pude ver que Dios realmente era para todos y no sólo para unos cuantos como antes yo pensaba. Finalmente veía a una persona muy similar a mí que había podido obtener eso que según mi pensamiento de aquel entonces era imposible de obtener para personas como nosotros, personas que habíamos sido muy independientes desde jóvenes, acostumbradas a tomar nuestras propias decisiones, que trazábamos nuestro futuro y que lo seguíamos.

Al empezar a analizar lo que estaba alrededor de mi amigo y mi familia no pude evitar pensar y sentir que yo también podía ser merecedor de eso que ellos estaban experimentando, fue como si alguien me quitara un velo de los ojos y me dijera: “Mira, ¿es esto lo que te hacía falta y estabas buscando?”.

 

3. Dios te invita a participar con Él en su obra.

 

Durante varios meses medité en lo que yo había hecho en mi vida y lo que había alcanzado en ella. Me di cuenta que lo que tenía realmente no era suficiente. Aun cuando había cumplido las metas que me había trazado, me había casado joven, había disfrutado unos años con mi esposa de recién casados, habíamos tenido a nuestras hijas cuando lo planeamos, había trabajado en la empresa que yo quería, había tenido el puesto que yo me había trazado tener para mis 25, 30 y 35 años, aun así, viendo el balance en ella, no podía creer que eso era todo. Yo me decía para mi mismo: “¿es esto todo?”, “¿es esta la fórmula para continuar los siguientes 35 años y decir que mi vida fue plena y que realmente me la gané cuando muera?”.

Así que un día de Diciembre de 2011, sentado en mi cuarto, me di cuenta que el costo de hacer las cosas por mis propios medios era demasiado alto, que todo aquello que yo había invertido en tiempo, esfuerzo, dedicación, no era suficiente para lo que yo estaba produciendo por mi mismo. Seguía teniendo deudas, no cumplía con mis compromisos con mi familia, no tenía tiempo para ella, no estaba satisfecho.

Ese día, decidí dar ese paso, ese paso en el que me arrodillé y humillé ante Él y le dije: “Señor, ya no quiero hacerlo con mis propias fuerzas, estoy cansado, estoy insatisfecho, yo no creo que esto sea todo en esta vida, quiero más, te quiero a ti, quiero conocerte, quiero saber si realmente es cierto que Tú puedes voltear hacia mí”. Y juntamente con esto decidí pedirle perdón: “Señor, perdóname porque sé que has llamado a mi puerta desde hace mucho tiempo y yo no te he querido abrir”, “perdóname por haber pensado que no te necesitaba, que yo podía sólo, que tú sólo eras para otros con mayores dificultades”. Ese mes creo que fue el mes en el que más lloré de toda mi vida. Unos días después decidí hacer un pacto con Él y le dije: “Padre, si en verdad hay algo mejor para mí, te pido que me lo mandes. Si tú haces esto yo te prometo que te seguiré de ahora en adelante”.

 

4. Dios habla por el Espíritu Santo mediante la Biblia, la oración, las circunstancias y la iglesia a fin de revelarse a sí mismo y revelar sus propósitos y sus caminos.

 

Días después, empecé buscar más de Él en internet. Entraba a devocionales, buscaba videos de predicaciones en youtube, veía servicios en línea, escuchaba testimonios que algunas personas compartían en el internet. En algunas ocasiones recuerdo que encontraba oraciones que las hacía mías y las repetía durante las noches. Decidí empezar a leer la Biblia de principio a fin, aunque no le entendiera a muchas cosas yo continuaba leyéndola. Yo hacía todo esto, pero no iba a la iglesia, porque pensaba que si iba y las cosas no funcionaban ahí, me iba a decepcionar, así que decidí hacerlo “uno a uno”, como quien dice “en línea directa”.

Unos meses después, luego de casi tres años de haber estado buscando oportunidades para mí por mis propios medios, pasando incertidumbre, batallando día con día, la respuesta a mi oración llegó.

Me ofrecieron un trabajo con un puesto mejor (lo que era mi meta para antes de los 40 según mi plan de vida original), en una compañía más grande, haciendo lo que me gusta hacer y pagándome más de lo que esperaba ganar.

 

5. La invitación de Dios para obrar con Él siempre te conduce a una crisis de confianza que requiere fe y acción.

 

Inmediatamente después de recibir esa llamada, supe que era Él el que me la había enviado, como diciéndome “lo ves, sólo tenías que pedírmelo”. En ese momento me levanté de mi silla, hice una serie de ademanes que normalmente hace uno cuando gana una gran carrera o finaliza un gran proyecto (“Yes!”) e inmediatamente levanté mis manos a Él y le di las gracias por haberme escuchado y haberme respondido, por haber inclinado su oído a mi oración, a mí, que tanto tiempo le cerré la puerta, que tanto tiempo lo ignoré.

Luego de esos días vino la incertidumbre. Sabíamos mi esposa y yo que tendríamos que mudarnos, que tendríamos que dejar a nuestras familias mucho más lejos; que las niñas y nosotros tendríamos que dejar a nuestros amigos y familiares. Toda nuestra vida habíamos vivido en el norte del país y cambiarse al otro extremo era un tanto incierto para nosotros; yo había estado buscando oportunidades sólo en empresas locales. Sin embargo, decidimos hacerlo por fe y unos días después, acepté la oferta.

 

6. Tienes que hacer grandes ajustes en tu vida para unirte a Dios en lo que Él está haciendo.

 

A partir de ese momento busqué rápidamente una iglesia en donde congregarme, sabía que el estar haciéndolo a mi manera no sería suficiente para lo que me esperaba así que decidí empezar a congregarme antes de que cualquier cosa pasara. No había nada ya que me hiciera dudar, me sentía como si me hubieran quitado un gran número de grilletes y candados que yo solo me había forjado en mi pensamiento. Las cosas ahora se veían distintas, ya no estaba solo, ya no era solamente yo en la ecuación de mi vida, ya no me volteaba a ver a mí, ahora buscaba verlo a Él.

Empecé a asistir cada domingo a la iglesia, seguía alimentándome de todo aquello que encontraba en el internet, predicaciones de sanación, finanzas, liderazgo, llamados de profetas, todo. Quería saber más cada vez. Sentía que de alguna manera tenía años luz de retraso para con Él y quería recuperar el nivel que se suponía que debía tener según mi entendimiento.

 

7. Llegas a conocer a Dios por experiencia cuando lo obedeces y Él realiza su obra a través de ti.

 

Finalmente nos mudamos a la nueva ciudad, nuestra familia cambió y lo ha seguido haciendo desde entonces. Hemos aprendido a buscar respuestas en Él y su palabra en nuestro diario caminar. Me ha seguido respondiendo algunas oraciones desde aquel entonces de tal manera que puedo asegurar que lo que pasa no es coincidencia como muchos lo llaman o pueden pensar al momento de leer este testimonio. Encontramos una iglesia en donde encajamos perfectamente. Hemos conocido a muchas personas más y nos han aceptado con los brazos abiertos tal y como somos.

Decidimos obedecerlo y ver como Él realiza su obra a través de nosotros. Ahora ya no corremos porque ahora ya Él nos toma de la mano. Hemos dado pasos de fe y obediencia, mi esposa y yo fuimos bautizados y asistimos a nuestros encuentros en donde fuimos sanados y limpiados en nuestro corazón de cosas que ni siquiera recordábamos, pero que estaban ahí. Pecados que cometimos desde jóvenes, ofensas que hicimos a otras personas, rencores que teníamos hacia otras.

Poco a poco, sabemos que Él nos mostrará su propósito. Le rogamos cada día porque su Espíritu nos de sabiduría y nos guíe para que cada día seamos mejores padres, mejores esposos, mejores hijos y mejores hermanos.

Seguimos siendo humanos, seguimos luchando con nosotros mismos, seguimos cometiendo errores; la diferencia es que sé que ahora estamos en el camino correcto, sé que ahora estamos en donde debemos estar y sé, que por nada del mundo, daremos un paso atrás.

¡Que Dios te bendiga!

 

Comentarios finales:

El testimonio está dividido en 7 realidades para darle relevancia y concordancia al libro que llevamos durante las pláticas y que se titula “Mi experiencia con Dios” de Henry Blackaby. Te lo comparto por si a través de mi testimonio, tú también sientes ese vacío en tu corazón que no has podido llenar en tanto tiempo y te sirva de ayuda para que sepas como encontrarlo.

Written by Baldemar Romo

diciembre 12, 2012 a 3:12 pm

Publicado en Personal

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